Habitar el límite
Estas reflexiones dan origen al Gimnasio El Ejido, concebido como una pieza situada entre lo construido y lo natural. El edificio reconoce dos límites opuestos: frente a la ciudad adopta un carácter sólido, continuo y protector; hacia el espacio verde interior se abre, incorporando la vegetación preexistente, la luz y el paisaje a sus espacios.
Los condicionantes del lugar —orientación, topografía, ruido, flujos y arbolado— se relacionan con las necesidades del programa y originan una serie de acciones: proteger, orientar, conectar, iluminar y abrir. Estas decisiones se sintetizan en un volumen limpio, alterado mediante incisiones precisas que construyen accesos, introducen luz y dirigen las miradas. En planta, una malla espacial organiza los usos y recorridos, transformando las circunstancias iniciales en un orden arquitectónico común.